La Esperanza: ese hilo invisible que sostiene

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“La esperanza es el sueño del hombre despierto.” — Aristóteles

En tiempos inciertos, la esperanza es más que una palabra bonita. Es una necesidad emocional, un recurso psicológico y, a veces, el único refugio que sostiene a quienes atraviesan dificultades.

¿Qué es la esperanza y por qué la necesitamos?

La esperanza es una emoción compleja, profundamente humana. No se trata de esperar pasivamente que las cosas mejoren, sino de confiar en que el futuro puede ser diferente… y de actuar en consecuencia.

Desde la psicología positiva, Charles R. Snyder propuso que la esperanza implica dos elementos fundamentales:

  1. La motivación para alcanzar metas (energía)
  2. La capacidad de encontrar caminos para lograrlas (estrategias).
  3. Esto significa que tener esperanza no es simplemente tener ganas, sino creer que hay algo que podemos hacer, por pequeño que sea, para caminar hacia lo que deseamos o necesitamos.

La esperanza en la historia: una fuerza que transforma

La historia está llena de momentos en los que la esperanza fue una herramienta de transformación. Algunos ejemplos que pueden inspirarnos:

  • Víktor Frankl, psiquiatra y superviviente de Auschwitz, escribió en su libro El hombre en busca de sentido que quienes lograban mantenerse vivos, incluso en condiciones extremas, eran aquellas personas que encontraban una razón para seguir adelante. La esperanza no les salvaba físicamente, pero sí emocional y espiritualmente.
  • Martin Luther King Jr., en su famoso discurso “I have a dream”, no solo hablaba de derechos civiles, sino de una esperanza activa, que impulsaba a la acción sin perder de vista la dignidad.
  • Malala Yousafzai: Malala, nacida en Pakistán, era una niña que defendía el derecho de las niñas a ir al colegio en un contexto donde eso podía costarle la vida. A los 15 años fue víctima de un atentado talibán por alzar su voz. Sobrevivió y, lejos de rendirse, convirtió su experiencia en un símbolo global de lucha y esperanza.

Esperanza, pero con los pies en la tierra

A veces confundimos esperanza con optimismo ciego. Pero no se trata de decir “todo irá bien” sin más. Se trata de mirar la realidad con compasión y decidir sostenernos desde dentro, aunque afuera esté difícil.

En el acompañamiento emocional, cuando trabajamos con adolescentes, personas con discapacidad, o familias en duelo o crisis, muchas veces la mayor ayuda no es resolverles la vida, sino sostener con ellos un horizonte posible. A veces ese horizonte es mínimo: un paso, un día, una conversación. Pero es suficiente para que no se derrumbe todo.

Ejercicio práctico: sembrar esperanza

Te propongo una pequeña actividad personal o para compartir en el aula o en familia:

• Piensa en un momento en el que algo cambió para bien en tu vida. ¿Qué te sostuvo durante el proceso?

• Escribe una carta a tu “yo del futuro” recordándole que puedes atravesar dificultades y seguir adelante.

• Haz una lista de pequeñas acciones que te devuelvan conexión, sentido o ilusión. No tienen que ser grandes: a veces una llamada, una canción, un paseo o cuidar una planta es suficiente.

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