Vivimos en un mundo cada vez más acelerado, donde muchas veces se nos exige estar bien, rendir, responder… pero pocas veces se nos enseña a cuidarnos emocionalmente. Solemos preocuparnos por nuestra alimentación, por hacer algo de ejercicio o por rendir en el trabajo, pero ¿cuánto espacio damos a lo que sentimos?
El cuidado emocional no es algo accesorio. Es, de hecho, el pilar invisible que sostiene todo lo demás. Cuidarnos emocionalmente significa escucharnos, darnos permiso para sentir, acompañarnos en los momentos difíciles y, sobre todo, tratarnos con la misma comprensión que le daríamos a alguien a quien queremos mucho.
En mi trabajo como psicólogo-orientador y profesor he visto cómo muchas personas se juzgan por sentirse tristes, ansiosas o bloqueadas. Y es natural: nadie nos ha enseñado qué hacer con lo que duele. El cuidado emocional empieza, justamente, por dejar de pelearnos con nuestras emociones y empezar a darles un lugar seguro donde existir.
Hoy, más que nunca, necesitamos espacios donde hablar de cómo estamos. Espacios sin juicio, donde lo humano tenga cabida. Porque cuando alguien se siente escuchado de verdad, cuando se le valida y se le acompaña con presencia, algo se afloja por dentro. Algo empieza a sanar.
Cuidarse emocionalmente no es egoísta. Es necesario. Es el primer paso para estar mejor con uno mismo y, desde ahí, con los demás.


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